Atractivos Turísticos en Cusco - Huacaypata
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La Plaza de Armas del Cusco, como ningún otro lugar del Perú y quizás de América, es un testigo privilegiado, de los más importantes acontecimientos históricos del mundo Andino. La vieja Huacaypata -así era llamada por los Incas- será por siempre el “ombligo” del Tawantinsuyo, ese fabuloso imperio gobernado por los hijos predilectos del Sol.
No hay lugar en el Perú ni en América como esta plaza que ha sobrevivido a través sirviendo de escenario a hechos históricos de monumental trascendencia y tradición. A través de los siglos la enorme y bella Plaza de Armas del Cusco es también conocida como Huacaypata, que significa “plaza del guerrero”, según algunos cronistas su significado mas bien es: llanto o quejido. Cuenta la tradición que fue trazada por mismísimo fundador del imperio: Manco Cápac, quien eligió dichas tierras como centro simbólico del imperio. Allí los incas realizaban la Fiesta del Sol o Inti Raymi. En este lugar también Francisco Pizarro fundó el Cusco. Con el transcurrir de los años, la plaza de Huacaypata ha visto desfilar diferentes episodios de la historia del Perú como la ejecución de Túpac Amaru I, así como la de Túpac Amaru II, su esposa Micaela Bastidas y sus hijos. Alrededor de ella varios incas construyeron sus palacios imperiales: Pachakuteq, Túpac Yupanqui, Sinchi Roca, Wiraqocha y Wiraqocha. Estos templos siglos después fueron empleados como residencias por los españoles. Allí se edificó el Templo de las Vírgenes del Sol o Acllahuasi y el palacio de Huayna Cápac. Aunque se han efectuado renovaciones, la plaza de armas conserva construcciones coloniales sobre bases incaicas, como iglesias, casonas y arquerías y aún hoy sigue siendo el escenario principal de las actividades sociales y culturales en el Cusco.

Hoy Haucaypata es la plaza de armas pero en el tiempo de los incas era el cuadrado de la recreación. Era cuatro cientos pies por el río Sapi y tres cientos pies por otro eje. El río era cubrido con piedras y conectaba Haucaypata con Cusipata. De la afuera del cuadrado Haucaypata era muy impresivo y espacioso pero del interior lo era más, un símbolo. De las cuatro esquinas habían las cuatro carreteras principales del imperio. Este arreglo mostraba que las cuatro esquinas del imperio juntaron aquí, en el corazon de la tierra de los incas o eso fuera de Haucaypata había lamido cuatro lenguas largas del imperio. En el centro del cuadrado estaba capac usno, una piedra de las escaleras que un emperador o dios subiría. Era un asiento para guardar de los ejercicios o presidir festivales. Al bajo del asiento era un cuenco del oro. Si un magnate deseaba brindar por el dios del sol, él echabara los contentos del vaso en el cuenco. El cuenco vaciaba en la tierra baja. Este representaba el centro de la red cósmica de los incas. Los tres lados de Haucaypata eran las habitaciónes reales, Condorcancha, Hatuncancha y Pucamarca.
Si por algún artilugio o hechizo mágico, la Plaza de Armas del Cusco se convirtiera en un ser humano, no nos cabe la menor duda de que sería un incontenible narrador -o narradora- de fantásticas historias. Un personaje único de edad indescifrable. Y es que nadie sabe su antigüedad, pero es probable que tenga más de mil años de existencia.
Después de ser durante siglos un silencioso testigo de importantes sucesos, la Plaza de Armas tendría una infinidad de relatos con que obsequiarnos.

Y de paso, nos confirmaría, si es cierta la leyenda de que fue trazada por el mítico Manco Cápac, quien la eligió como el simbólico centro del imperio, que su padre el Sol le había ordenado fundar.
Nos contaría, también, que en el tiempo de los incas era llamada Huacaypata, palabra quechua de cuyo significado exacto no estamos seguros, pues, mientras que algunos la traducen “plaza de guerrero” otros lo hacen como “plaza de lamentos”. Dos acepciones para este entrañable escenario andino, lugar de ceremonias religiosas y militares en el tiempo de los “hijos del sol”.
Y en sus palabras, no podría evitar traslucir cierto tono de vanidad y orgullo -y motivos no han de faltarle- pues era el “ombligo” desde donde partían los caminos que llegaban a los cuatro suyos, las divisiones territoriales del inmenso imperio. Del poderoso Tawantinsuyo.
Las interrogantes no serían pocas; las respuestas no serían breves. Quisiéramos que nos relate el Inti Raymi, la fastuosa celebración en honor al dios Sol; o los detalles de esa fiesta inca, en la que se sacaban en procesión las momias de los antepasados.
Tiempos prósperos para los herederos de una cultura, que años más tarde conocería la espalda de la suerte. La desgracia se personificaría en unos hombres de extraño aspecto, que venían de tierras lejanas.
¿Qué sintió cuándo Francisco Pizarro gritó a viva voz la conquista del Cusco?. Era el 23 de marzo de 1534 y el conquistador fundaba una ciudad española en el ombligo del mundo inca. Después se levantarían sobre los cimientos de los palacios y templos de piedra, las iglesias y casonas coloniales que existen hasta hoy.
Y el Huacaypata, el simbólico centro del Tawantinsuyo, alrededor del cual Pachacutec, Huiracocha y Huayna Capac, construyeron sus palacios, vio como cambiaba su fisonomía inca hasta convertirse en Plaza de Armas, con esa bella arquería de piedra que aún se conserva. Volvía a nacer, pero ahora tenía un rostro mestizo, igual al de los nuevos hijos de estas tierras.

Nos contaría tal vez en tono lento -así suele expresarse la sabiduría- como presenció el cambio que se operaba en la “capital Arqueológica de América”. Diría que los españoles no se atrevieron a destruir del todo esa maravilla arquitectónica que era el Cusco, produciéndose una fusión de estilos.
Prueba de ello: se edificó sobre el Qorincancha o Templo del Sol la iglesia de Santo Domingo; en el Acllahuasi o casa de las Vírgenes del Sol la iglesia de Santa Catalina; y en el Suntur Wasi la Catedral, aunque está sería trasladada, posteriormente, al Palacio del Inca Huiracocha.
Y es que la Plaza de Armas fue testigo de los cambios. Cusco tomaba un nuevo cariz, el de un evidente sincretismo, una perfecta fusión de dos culturas: la andina y la occidental. Lo que hace de ella una ciudad única en el mundo, declarada por la UNESCO, como Patrimonio Cultural de la Humanidad en 1983.
El interrogatorio no cesaría. Las preguntas serían persistentes, como la lluvia que humedece sus veredas y jardines, cuando el cielo andino se pone llorar, con esas lágrimas gruesas que sólo saben caer de los párpados de sus nubes borrascosas.
No se puede dejar de conversar con Huacaypata, la plaza del Perú y quizás de América, que ha sido escenario de los acontecimientos históricos más significativos. Algunos crueles como la ejecución de Túpac Amaru II y de toda su familia, por atreverse a luchar contra la opresión española en 1780.
La plaza ha sabido sobrevivir, para recordarnos las grandezas y desgracias del pasado. Hoy, sigue siendo el corazón de la ciudad, aunque ya no se escuchan los terribles lamentos de antaño; estos, han sido reemplazados por las reposadas y alegres voces en diferentes idiomas -además del español y el quechua- de los cientos de visitantes, que pasean, se divierten y son subyugados por sus indescriptibles encantos.

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hola a todos esta bonito esa pagina ps es muy interesante ...
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Si chikita, tienes toda la razon, seria muy bonito. Mi mama ...